Cuando el llanto mermó, doblé despacio aquella carta y se la tendí a Jonás.
—Guárdala con las otras notas y todos los recuerdos que me dejó, Jonás. Recuerda que nadie debe saber sobre ello, mucho menos Diego. —Hice alusión a todas las cosas que conservaría de aquel hombre, pues así lo deseaba.
—No tienes por qué ocultarlo, pequeña. No tiene nada de malo que quieras conservar esas cosas.
—Lo sé, Jonás. No obstante, si has conocido un poco a Diego, sabes que jamás estará de acuerdo en que lo haga