Al llegar al hotel, con las manos enlazadas y muy sonrientes, la primera persona con quien nos topamos, fue Jonás, el cual no estaba para nada contento.
—Han limado asperezas —resolló.
Sus ojos viajaron a nuestras manos. Asentí, serio.
—Sí, Jonás, y espero que… —No llegué a terminar lo que iba a decir porque mi cuñado se me lanzó literalmente encima.
—¡Enhorabuena! ¡Ya era tiempo! —Miré de reojo a Ana; sonreía y negaba por la expresión de incredulidad en mi rostro—. Espero que al fin ambos pued