Al día siguiente, le dimos forma a todo lo que se me ocurrió.
El ático del hotel, donde había una piscina climatizada y un jardín colgante, sería el escenario principal de mi pedida de matrimonio. Encargué mil quinientas noventa y cinco dalias silvestres en diferentes matices de Cuernavaca, ya que esa preciosa especie en la cultura mexicana representaba los impulsos y la pasión. ¿Y qué mejor flor para representar lo que viví a su lado?
Desde que la conocí, actué por los impulsos de mi corazón y