Luego de que Pietro me diera una de las peores noticias, lo evadí como pude. Con demencia, me puse a buscar a Ana sin éxito alguno.
Una hora después, regresé al hotel. Estaba cabreado por cómo se daban las circunstancias de nuevo. Maldije mi ineptitud para llevar por buen sendero las cosas con ella. Entretanto, veía a un Ernesto sonriente conversando con el hombre que esta vez presentía que sería un estorbo en mi camino.
Traté de pasar desapercibido para esos dos, pero el idiota de Ernesto me l