A partir de ese día, las cosas fluyeron despacio entre Eros, su madre y yo.
Liam regresó para que pudiéramos ponernos de acuerdo en relación a los tiempos que el niño compartiría con cada uno y ambos decidimos que estuviera cada tres meses conmigo. Por supuesto, su madre nos acompañaría hasta que creciera un poco más y pudiera hacerme cargo sin su ayuda.
Del beso que le di, nada. No volvimos a tocar el tema, tampoco hablar de él y su vida a su lado. Era lo mejor. Meter el dedo en la llaga más d