Mundo ficciónIniciar sesión«Su cuerpo siempre fue mi templo, en nuestra noche de bodas la amé y adoré, como si el mañana para nosotros no existiera.
—¿Me amas? —ella me preguntó mientras me miraba con sus preciosos ojos verdes, tan llenos de amor.
—Sí —respondí sin dudas, sin miedo, ni remordimientos, una respuesta fácil y honesta. Porque no había culpa, ni traición.
&m







