El ruido es ensordecedor, la gente grita emocionada, me siento tan orgullosa de verlo ahí parado, tocando el bajo y cantando en compañía de los chicos, es emocionante escucharlo.
— Hola, señora Wilding, venga conmigo, por favor, debemos llevarla a los camerinos — me dice una chica que tiene una tarjeta de organizadora.
— Gracias — caminamos por unos pasillos, los chicos salieron por el lado contrario al que me encontraba yo, alguien le pregunta a la chica sobre unos equipos y tardan más de qui