La mayoría de los hombres que le quedaban a Scrubb se miraban entre ellos, la duda les asaltaba en esos momentos. Sabían que si no se rendían iban a terminar muertos, los agentes del gobierno no les habían dado cuartel, si seguían disparando eran hombres muertos.
Scrubb los miraba también, casi que podía escuchar sus pensamientos.
—Si alguno se atreve a dejar su arma y pretende salir por ese portón se puede dar por muerto —dijo escupiendo sangre, la herida que tenía en un costado le había alcan