Los impactos sobre la carrocería se sucedían, y los atacantes estaban extrañados de que los vehículos se quedaran detenidos en lugar de salir de allí a toda velocidad, pero todo tenía una razón de ser.
Los sujetos estaban apostados en dos camionetas de carga grandes, con las puertas traseras abiertas de para en par, dejando ver las poderosas ametralladoras calibre punto cincuenta, las que hacían un daño enorme a los vehículos pero sin conseguir penetrar el duro blindaje que les habían instalado