Cuando llegué a casa Marta estaba allí, parecía que acababa de llegar, pues aún tenía puestas las ropas de calle. Dejó de escribir en el móvil tan pronto como escuchó la puerta, y su mirada en entristeció entonces.
Estuve mirando un par de pisos – comenzó, algo apurada, sin saber cómo empezar aquella desagradable conversación – he visto uno que está muy bien, pero