La señora Diana,mi suegra nunca se tomó el tiempo para conocerme,ella no soportaba mi presencia y no lo disimulaba.
Ella vino a buscarme a mi departamento y yo tan ilusa que pensé que había decido darme una oportunidad o que al menos ya estaba cambiando de parecer y empezaba a aceptarme cómo la esposa de su hijo.
—¡Doña, Diana!,pase por favor.
Ella me dio un frío vistazo de pies a cabeza,su sonrisa era frívola y su labios se curvaron,la expresión de su rostro me convenció de que ella no venía e