~ELENA~
Los labios de Nico rozan mis mejillas… casi un beso.
Casi.
Y entonces la puerta del gimnasio se abre de golpe.
“¡Maldición!” exclamamos ambos.
Riccardo entra, con una toalla sobre los hombros.
Se detiene, con la mirada pasando entre nuestros cuerpos demasiado cercanos.
“¿Todo bien aquí??” pregunta, con voz neutral, pero las cejas alzadas.
Nico se endereza y se baja de encima de mí lentamente como si no estuviera avergonzado en absoluto.
“Solo ayudando a Elena a estirarse,” dice.
Riccard