Aria se levantó de la cama con cuidado, asegurándose de no despertar a Maxwell. Sabía que necesitaba hacer una llamada importante. Se dirigió a la sala y buscó su teléfono. Con un suspiro, marcó el número de Estela.
—Estela —pronunció cuando la llamada fue atendida—. Quería pedirte un favor. Maxwell está un poco enfermo, y aunque su fiebre ha disminuido un poco, creo que sería mejor que me quedara con él esta noche.
Estela, siempre comprensiva, respondió rápidamente.
—No te preocupes, Aria. En