Aria abrió los ojos con el alba y casi se da de bruces con la realidad; era un poco más tarde de lo que había pensado. De hecho, si no fuera por Arthur y Maximiliano, que habían entrado a su habitación, ella habría seguido durmiendo. Ariadna, todavía en su cama, se quejaba del ruido.
Aria no pudo evitar reír al ver la escena. Arthur y Maximiliano parecían llenos de afán por verla en acción y no durmiendo.
—¡Mamá, es que tenemos hambre! —se quejó Maximiliano, casi haciendo un puchero que hizo qu