Su padre de inmediato se puso en pies y se dirigió a Maxwell, mientras que Aria permaneció en la mesa, llena de nervios.
—Maxwell, es un placer tenerte por aquí, por favor toma asiento, te atenderé de inmediato.
Estela miró a Aria y abrió los ojos de par en par. Aria quería salir corriendo de allí y evitarlo a toda costa, sin embargo, no podía escapar esa vez.
—Se lo agradezco, señor King, pero solo voy a pedir un café, ya sabe, sin azúcar.
—De acuerdo, yo mismo lo serviré, vuelvo pronto.