Sharon sintió que todos los nervios de su cuerpo se desmoronaban en ese momento. Ella también apartó la mano de él con todas sus fuerzas en un abrir y cerrar de ojos, y dijo mientras lo miraba con frialdad: “¿Qué quieres que admita? ¿Estás enfermo de la cabeza?”.
Los ojos penetrantes de Simon aún estaban pegados a ella. Él quería leerle la mente.
“¡Admite que eres Sharon!”.
“¡Te dije que soy Sienna!”.
“Entonces, ¿por qué decías mi nombre cuando estabas borracha?”.
Un indicio de incomodidad