Simon miró con anhelo a la mujer que yacía frente a él en el sofá. Su mirada se volvió gradualmente intensa. "¿Por qué estás así esta noche?", preguntó él en voz baja y dulce.
Sharon arqueó las cejas. "¿No te gusta?". Sus labios se curvaron y formaron un puchero. "Si no te gusta, no tenemos que hacer nada", agregó en un tono como de gatita.
Ella estaba a punto de retirar los brazos cuando Simon le sujetó la cabeza. De repente, sus labios presionaron los de ella.
¡Se había movido tan rápido q