La señora Neal, sorprendida por la postura fría y hostil de Eugene, tartamudeó: "Ella... no estaba dispuesta a volver e insistió en bajar. No es que pudiera obligarla a volver".
"Ahora está desaparecida. Si le pasa algo, te haré pagar por ello". Los ojos y las cejas de Eugene estaban nubladas, y su mirada tenía intenciones asesinas.
Cuando aflojó su agarre, ella sintió que sus piernas se volvían gelatinosas. Estuvo a punto de caer, pero Sydney la sostuvo justo a tiempo.
"Eugene, ¿qué est