Fern no lo pensó demasiado. Ella colocó un trozo de pescado en el tazón de su hija.
Rue miró a su padre y le dijo: “Papi, recuerdo que en el pasado también te gustaba el pescado guisado. Te voy a dar este trozo de pescado”. Tan pronto como terminó de hablar, ella tomó el trozo de pescado que Fern había colocado en su tazón y lo puso en el de Eugene.
Aunque Fern y Rue habían movido el trozo de pescado varias veces, a Eugene no le molestó. Él le sonrió a su hija y dijo: “Gracias”.
Fern se quedó