Yuki levantó la cabeza y le miró con ojos llorosos. “¿De verdad? ¿Te has esforzado por rescatarme todo este tiempo?”.
“Por supuesto. No te dejaré aquí así como así”.
“¡Sabía que todavía te preocupabas por mí!”. Yuki saltó a los brazos del hombre una vez más y lo abrazó con fuerza.
“Muy bien, ya deberías haber aprendido la lección, ¿no? No hagas un berrinche sin razón ni conduzcas imprudentemente en la carretera”. Jeremy pensó que esta había sido una buena oportunidad para educarla.
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