Capítulo 24. Desilusión
Por supuesto aquello era plan con maña, pues la señora Martha nos dejó solos, según para preparar más aperitivos. Hablamos, no de muchas cosas, ya que en realidad no teníamos la confianza suficiente para entablar una conversación más amistosa, pero he de admitir que su compañía si fue agradable. No fue hasta que la señora Martha tuvo que encender velas cuando me di cuenta de lo tarde que era, yo debía regresar a la mansión, pero el irme representaba un riesgo para mi dama de compañía, ir y venir