Así que asintió.
—Será un placer —dijo, aunque por dentro hervía.
Gimena sonrió satisfecha y lo tomó del brazo, guiándolo hacia la pista de baile. A su alrededor, las miradas comenzaron a clavarse en ellos, y los murmullos no tardaron en surgir.
—¿No es ese el heredero de la familia Salazar… con