Enrique apoyó su frente contra la de ella.
—La culpa es de Gimena Castillo. La culpa es de Lorenzo Castillo. La culpa es de todos los que la ayudaron. No tuya.
Valeria soltó otro gemido ahogado y terminó rompiéndose por completo.
Enrique cerró los ojos un instante, reuniendo fuerzas.
Luego hizo algo