—Eres jodidamente hermosa, Val… —Murmuró él con la voz rota, rota de pura necesidad—. Una maldita obra de arte.
Sin darle tiempo a reaccionar, Enzo regresó sobre ella. Comenzó a besarla despacio, de forma pausada y tortuosa, bajando desde la línea de su mandíbula hacia el cuello, dejando un camino d