—¿Qué es lo tan gracioso? —demandó con brusquedad.
Valeria dejó la taza en la barra y lo miró fijamente, regalándole una sonrisa cargada de desdén y veneno. Sus ojos chispearon con una dureza implacable.
—Oh, no, nada. Es solo que me parece increíble escuchar tus estupideces —escupió con un tono gél