Dereck golpeó la mesa con el índice, su mente trabajando a mil por hora. El cansancio parecía haberse disipado bajo una nueva capa de adrenalina.
—¿Cómo lo contactamos sin que los hombres de Lorenzo se den cuenta? —preguntó Dereck—. Si nos acercamos a él en la mansión, está muerto. Si lo seguimos, l