—Tiene a Isabella secuestrada.
Beatriz lo miró horrorizada.
Negó varias veces.
—Eso no es verdad… Gimena no sería capaz de algo así.
Sus manos temblaban mientras sacaba su teléfono.
—Ahora mismo la voy a llamar.
Marcó el número.
El teléfono sonó.
Y sonó.
Hasta que pasó al buzón de voz.
Vol