—¡Oye, tú! —gritó Valeria, soltándose del grupo—. ¡Detente ahí mismo!
El hombre echó a correr hacia las escaleras de emergencia antes de que Rodrigo pudiera reaccionar.
—¡Déjalo, Valeria! ¡Vámonos! —rugió Dereck, metiendo a Isabella en el vehículo y asegurando su cinturón con manos rápidas pero firm