Valeria, por primera vez en la mañana, dejó de lado sus bromas. Chasqueó la lengua y asintió con gravedad. —Aunque me duela admitirlo, Isa... esta vez tengo que estar de acuerdo con el gruñón. No sabemos quién está mirando.
Colin regresó unos minutos después, sosteniendo el paquete abierto.
—Señor —