Dereck dio un paso al frente, y el aire en la sala pareció agotarse. Su mirada estaba fija en Gimena, analizándola como un depredador analiza a su presa.
—Madre, ya te lo advertí en el hospital —dijo Dereck, su voz era un trueno sordo—. Estás en mi casa bajo mi permiso, y ese permiso se acaba de te