267. Mis Decretos
Rey Remo Costich
La mierda me había golpeado fuerte y estuve inconsciente casi por un día. Los deseos de apretar el cuello a Brisa aun persisten, a pesar de que paso una semana del incidente. Cada vez que la vemos, mi lobo y yo gruñimos y para nuestro mal gusto, ella parece disfrutar recordar de cómo convulsionamos.
-¿cómo esta mi paciente mas gruñón?-entraba diciendo Brisa en mi habitación sin siquiera llamar a la puerta.
-pero por supuesto, entra, tal vez la próxima vez me encuentres en pelot