— ...Punto de vista de Isabela... —
Desde esa conversación algo dentro de mí se ordenó por primera vez en años. No fue paz todavía, pero sí sentido. Las piezas rotas que había cargado sin saber cómo encajar dejaron de cortarme las manos. Azael no me miró con lástima ni con miedo después de prometerme ayuda. Me miró como a alguien real, existente, viva. Y eso fue suficiente para que una grieta de luz atravesara el encierro en el que había aprendido a respirar.
A partir de