Capítulo XXIV. La Carta. El consuelo de los huérfanos.
Eun-ji.
Después de una noche de entrega, consuelo mutuo y compensación de que ambos fuimos tocados por la capacidad de sacrificio de una mujer excepcional, mi madre, aun sentía el dolor en mi corazón, mesclado con una felicidad inmensa, por poder volver a ser madre y poder así salvar la vida a mi otro hijo.
Tras despertarme, temprano, aun Martín dormía, sonreí al darme cuenta de que sólo me costó al principio llamarlo por su verdadero nombre, se le veía tranquilo, lo que se suele decir, el rep