38. SECRETOS
Ya no quiero secretos
SOFIA
En la penumbra de mi habitación, un peso marca mi cintura. No es molesto, ni siquiera el calor que desprende. Tanteo y es un brazo, volteo con cuidado hacia atrás buscando al dueño; aunque, su aroma me indica quien es y al ver su rostro confirmo que es Daniel, dormido abrazándome con mi espalda pegada a su pecho, su semblante y su respiración tranquila me invitan a pegarme más a él; lo hago y él afianza más su abrazo.
Me siento más protegida de las sombras d