Mundo ficciónIniciar sesiónRudi contempló aterrado a la hermosa mujer que tenía enfrente. La mirada de ella era gélida, desprovista de cualquier atisbo de duda, mientras deslizaba juguetonamente una daga por la mejilla del hombre. Un solo movimiento en falso y la hoja podría desfigurarle el rostro; sin embargo, el acero continuó bajando lentamente hasta posarse sobre su cuello.
—Habla claro, Rudi. ¿Qué te ordenó Dante exactamente?
Rudi apret&oa







