41.

Y Ahi estaba yo con el mismo traje que use un día en nuestra boda frente a su ataúd diciéndole adiós nuevamente. Con mi captus y sus orquídeas azules que aun estaban vivas por alguna extraña razón. 

La mayoría de las personas que se acercaban a mi me miraban con lástima, y con mucha pena. Nadie se atrevía a decirme ninguna palabra. Creo que tampoco había mucho que decir, nada me iba a arrancar el dolor que estaba sintiendo. Que al final era solo mío y de nadie más.

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