Carlos entra al cuarto y abre la persiana. Me despierta con el ruido y le miro.
—Buenos días, preciosa.
—¡Vete a la mierda! —respondo cabreada, poniéndome de rodillas en la cama.
—¿Qué has dicho? —pregunta con cara de asombro.
—Que… te… vayas… a la mierda —le deletreo para que se entere mejor.
Se sienta de repente en la cama, tira de mis brazos, peleo como puedo con él y, en pocos segundos, me echa boca abajo sobre su regazo.
—¿Quieres más? —pregunta, dándome un azote fuerte en el trasero.
—No