CAPÍTULO 12

Por unos instantes me hipnotizo al ver el movimiento tan sexy que hacen sus labios; creo que retarlo esta noche ha sido una buena jugada, su fuego se va calmando y algo de dulzura se va apoderando de él. Pongo mi mano en su muslo, y subo despacio a su entrepierna.

—¡Para! —dice en un golpe seco de voz.

—No. Esta noche mando yo —digo, poniendo cara de pícara.

—¡Para! No puedes hacerme esto —dice, sujetando mi mano para poder tragar saliva.

—Sí, sí que puedo, tú apuestas y yo te reto.

—Eso me pone aún más.

—Ya lo sé, yo soy una persona que toma sus propias decisiones y no voy a dejar que me domestiques como a un animal enjaulado. Creo que no me has mirado bien.

—Sí, si lo he hecho.

—Muy bien, ¡descríbeme!

—¿Qué quieres de postre?

—Un té —digo con una sonrisa sabiendo que no sabe describirme. Levanta su mano, se acerca al camarero, y pide el postre y té. Mete su mano en bolsillo y el tanga empieza a vibrar.

—¿Dónde vas?

—Ahora vengo, no tardo nada. Voy al baño, me quito el tanga, lo envu
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