Mi querida enemiga. Capítulo 9. Todas las de perder.
Foster Lewis.
Vi como Harley, la aseadora, bajó la mirada y se disculpó, sintiéndose incómoda por la situación.
—Lo siento, señor, mi intención no fue incomodarlo. Solo entré a limpiar, no me di cuenta de que estaba aquí. No se preocupe, me retiraré de inmediato.
La mujer se dio la vuelta y salió de la habitación apresuradamente, dejándome solo y con una extraña sensación.
—¡Eso no puede ser! Solo es un leve parecido —me dije pasándome la mano por la cabeza en un gesto de frustración.
Me vestí