Capítulo 27: Una vieja mamona.
Von Dimitrakis.
Cuando sentí los labios de la mujer sobre los míos, la empujé intentando separarla, pero ella se pegó a mí como un Koala con tanta fuerza, que al final no me quedó otra opción sino empujarla, terminó cayendo de nalgas al piso, emitiendo un sonido de dolor.
—¡Te dije que no quería! —espeté furioso—, una mujer debe entender cuando un hombre le dice que no, así como nosotros los hombres estamos obligados en hacerlo cuando se trata de ustedes.
Me levanté furioso de mi asiento, miran