FERDINAND LEONARD
Sentada justo enfrente de mí estaba mi hermana, temblando incontrolablemente tras ver el vídeo que mi asistente le acababa de mostrar: un vídeo de su encuentro con la mocosa de esa tal Morgan.
Habían pasado más de diez minutos desde que terminó la grabación, pero yo no había dicho ni una palabra.
Simplemente me senté en el sofá con los brazos cruzados sobre el pecho, los ojos cerrados, luchando desesperadamente por contener la furia que amenazaba con consumirme. Cada segundo