Nikko echó un paso hacia delante y yo uno seco hacia atrás. No solté la manilla de la puerta.
—Déjame pasar. —Su voz… Parecía otra persona, una muy distinta a la que acababa de hablar conmigo hace minutos por teléfono asegurándome que estaba a kilómetros de allí.
Miré sus brazos. Sostenía su postura con sus manos escondidas detrás de cada muro que bordeaba la puerta. La palma derecha más baja que la izquierda. Algo sostenía con ella y esa certeza hizo que mi piel se erizara.
Subí la mirada haci