337. UNA PROMESA
MAT:
Noto cómo sus ojos se llenan de lágrimas mientras su mirada baja lentamente, huyendo de la mía. Puedo ver y sentir el miedo crecer en su interior. La duda y la desesperación se adueñan de ella, paso a paso. La estreché muy fuerte, queriendo protegerla del dolor, pero esta vez era imposible.
—Esa es la única manera de hacerlo, mi Luna. No encontré otra. Tengo que subir, postrarme ante el todopoderoso Ra y negarme a volver a ser un dios —expliqué sin soltarla—. No puedo asegurarte que Ra ace