241. EL REGRESO DE LA LUNA SUPREMA
ISIS:
El Alfa no parece notar mi pánico inicial, o quizás lo hace, pero lo interpreta de otra manera. Su mirada no se aparta de mí. Hay algo primitivo y ancestral en su forma de mirar. En su esencia suprema, su presencia es contundente, casi aplastante. Cada músculo de su cuerpo parece tallado con precisión divina, un monumento a lo que significa ser el Alfa Supremo. Y estoy ahí, inmóvil como una presa que acaba de encontrarse con su cazador.
—¿Por qué tiene tarros? —balbuceo para mí misma, si