188. CONTINUACIÓN

 JACKING:

Ella se inclina aún más hacia mí, hasta que sus dedos rozan mis labios. Su expresión es de preocupación y tristeza.

—Disculpa, Jacking, ¿puedes llevarme a mi casa? —me pide, alejándose y soltando mi mano.

—No, Isis, de veras no hay problema —repito, tratando de no perder la intimidad que había logrado con ella—. En vez de ir al cine, ¿vamos a cenar? ¿Quiere
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