La lluvia no hacía más que intensificarse con cada minuto que pasaba. Cada gota que golpeaba mi piel se sentía más afilada que la anterior, casi como un castigo. Pero no me moví.
Simplemente me quedé allí, completamente vacía de fuerzas.
La ropa se me pegaba al cuerpo, empapada. El cabello se adhería a mi rostro. Todo lo que llevaba puesto estaba chorreando agua, y aun así no me importaba. Era demasiado débil. Demasiado vacía.
Si me iba, sentiría que había fallado a Zoe.
Así que me quedé.
Desca