—Linda —gruñí entre dientes apretados cuando otro dolor punzante me atravesó el cuello.
—¿Escuché bien? —preguntó Linda, mirándome como si acabara de confesar un asesinato—. ¿Hiciste un trato con Jaxon Lennox… el Jaxon Lennox?
—Eso es exactamente lo que dije —espeté, con la paciencia colgando de un hilo—. Y tengo mis jodidas razones, Linda. Así que ¿puedes hacerme el favor de no romperme el cuello antes de que lleguemos a la comisaría?
Los ojos de Linda se abrieron aún más, como si todavía no p