Mundo ficciónIniciar sesiónMe dolían las manos, atadas detrás del cuerpo, la cabeza me daba vueltas, todavía bajo la droga que me dieron, pero, aun así, abrí los ojos y miré el lugar. En mi reducido campo de visión estaba el vestido, no pude evitar reconocerlo, estaba presente en muchas pesadillas, un blanco nacarado que se tiñó de rojo: yo llevaba el vestido de Tamara, no sé cómo, pero así era. La mordaza me lastimó la boca y me impidió decir algo, pero cuando me di cuenta de mis sentidos, un gemido ahogado y agonizan







