SÁDICO
Capítulo 10
Elisa Scott
¡Rayos!
Estiré mi mano lo más rápido que pude para poder alcanzar mi pantalón, pero los ojos fulminantes de la madre de Maximiliano me dejaron completamente helada.
Podía sentir los vellos de mi piel enchinarse, mientras que sus hermanos se miraban unos a otros. La pequeña Flor parpadeó sin aún comprender lo que estaba sucediendo y aunque dentro de mi cuerpo estaba gritando por ayuda, quizás el único que escuchó mi petición, fue el mismo italiano.
El pelinegro, de