Mundo ficciónIniciar sesiónNarra Layla
Ocho y treinta de la mañana, se supone que mi hora de entrada a la agencia es a las nueve de la mañana, pero, al parecer al chico que se debía de encargar de llevarme y traerme, se había olvidado de mí. La puntualidad era uno de mis mejores actos de responsabilidad, si alguien me daba una hora, me presentaba diez minutos antes de ello, para no hacer esperar a nadie.
Resoplo mientras me apoyo en una de las paredes de







